En el campo de refugiados de Kalandia, una cooperativa de mujeres mantiene vivo el bordado tradicional palestino y genera ingresos sostenibles para su comunidad desde 1958
En el campo de refugiados de Kalandia, ubicado entre Ramallah y Jerusalén, una cooperativa de mujeres preserva uno de los símbolos más antiguos de la cultura palestina: el tatreez, el bordado tradicional transmitido de generación en generación durante más de 3 mil años.
La Cooperativa de Artesanía de Mujeres del Campamento de Kalandia (KCWHC), fundada en 1958, fue la primera cooperativa femenina registrada entre la población refugiada palestina en Oriente Medio, y solo la segunda en toda Palestina. Desde entonces, ha sido un motor económico y social para cientos de familias.

Un legado de mujeres que levantaron una comunidad
La cooperativa fue impulsada por dos mujeres pioneras: Khadejah Farhan y Fatmeh Jibril, ambas refugiadas formadas por la UNRWA, quienes organizaban a mujeres para coser y vender ropa desde sus hogares. Con el paso del tiempo, la cooperativa pasó de un pequeño espacio de exhibición de 5×5 metros a ocupar dos edificios de tres pisos, gracias al trabajo voluntario y donaciones.
Actualmente, la KCWHC emplea a 13 mujeres, dirige una guardería, talleres de capacitación y programas de ayuda humanitaria, y trabaja con campos de refugiados y zonas remotas de Cisjordania.
Tatreez: arte, ingreso y resistencia
El corazón de la cooperativa es el bordado palestino, vendido a través de su página web y plataformas de comercio en línea. Muchas mujeres trabajan desde sus casas, recibiendo telas y diseños de la cooperativa para generar ingresos sin abandonar a sus familias.
Para su directora de cooperación internacional, Sahar Farraj, el tatreez “es una obra de arte y una herencia”, pero también un medio de vida en medio de crisis recurrentes como la pandemia y el conflicto en Gaza. La cooperativa busca ahora acceder a mercados internacionales y establecer vínculos con otras cooperativas del mundo para garantizar ingresos justos.
