Monedas sociales, herramientas de autonomía económica

Medios de intercambio gestionados por la sociedad civil para lograr varios fines socioeconómicos

El dinero es “un acuerdo dentro de una comunidad de usar algo como medio de intercambio.” Así lo definió Bernard Lietaer, experto mundial de monedas sociales, en su libro “El Futuro del Dinero” (Longseller, Buenos Aires, 2005), sugiriéndonos la posibilidad de que podamos usar algo diferente como dinero siempre y cuando haya un acuerdo, además de cambiar la regla del juego de modo a satisfacer mejor nuestras necesidades.

Es por este motivo que la gente crea monedas sociales para lograr una economía con lógica distinta que la del dinero convencional, por ejemplo:

  • Gestionadas por los propios ciudadanos, en vez de la banca privada
  • Emitidas sin cobrar tasas de interés, y libre de los fines lucrativos de la banca privada
  • Muchas veces sin respaldo de la moneda oficial (peso mexicano, dólar, euro etc.), para que nos independicemos del dinero oficial
  • Trata de crear una economía más igualitaria sin disparidad, en vez de concentrar la riqueza en pocas manos
  • Estimula transacciones dentro de una comunidad, en vez de favorecer a grandes corporaciones
  • Financiar más fácilmente a los individuos, a los proyectos sociales y a los emprendimientos comunitarios más necesitados, en vez de inyectar dinero en especulaciones.

Es necesario que la comunidad produzca varios bienes y servicios para satisfacer la necesidad de los participantes, además de que se hagan esfuerzos para que la gente sustituya lo importado con la producción local.  La moneda social es por lo tanto una herramienta para aumentar la autosuficiencia local, y no es de sorprender que en muchas de estas monedas exitosas haya oferta de alimentos.

Varias experiencias son destacables.  El Banco Palmas en Fortaleza (Brasil) empezó a emitir su propia moneda para financiar a los proyectos empresariales de los vecinos en un barrio pobre. Sardex en Cerdeña (Italia) creó una red de trueque comercial para que las PyMEs en esta isla puedan hacer una parte de compraventas sin tener que usar euro, y así logra fortalecer lazos económicos y sociales entre los sardos. Jurupi en Cuenca (Ecuador) es una red de confianza mutua entre los individuos y arrancó justo cuando el país estaba en el confinamiento, utilizando videoconferencias y otras tecnologías al máximo para fomentar la cohesión social pese al distanciamiento físico obligatorio. Vilawatt en Viladecans, cerca de Barcelona (España), está relacionada con la transición energética (ahorro energético y energías renovables) para que no sólo haya más transacciones dentro del municipio, sino también los vecinos tengan un estilo de vida más sustentable.

México no es exento de esta corriente.  Se usa la Mixihuca dentro de un circuito de activistas de economía social en Ciudad de México y alrededor, con algunos tianguis, mientras que el Túmin, que nació en El Espinal (Veracruz), se ha extendido en varios estados para crear una economía con lógicas distintas que la convencional.  Se puede resaltar también el Verdillete, una experiencia en Querétaro que ayuda a los niños a cambiar sus juguetes.

Distintas experiencias en diversos países han demostrado que las monedas sociales pueden fortalecer la economía, aunque es muy importante trabajar en el fomento de la cohesión social como un elemento importante para el éxito.  Valdría la pena hacer estudios de viabilidad para sus propias comunidades.

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