Personas que regresaron a Etiopía tras el conflicto en Sudán están creando cooperativas agrícolas y ganaderas que generan empleo, fortalecen los mercados locales y reconstruyen el tejido comunitario
En las afueras de Jimma, en la región de Oromia, grupos de mujeres y hombres trabajan cada día en granjas avícolas y proyectos lácteos cuyos productos ya llegan a mercados locales y supermercados en Addis Abeba. Detrás de esta actividad hay una historia común: la de etíopes que migraron, regresaron con muy poco y encontraron en el cooperativismo una vía para empezar de nuevo.
Tras el estallido del conflicto en Sudán en 2023, miles de personas regresaron a Etiopía en condiciones precarias. En Jimma, varios de estos retornados se integraron a proyectos de reintegración productiva, donde recibieron capacitación, insumos y acompañamiento para organizarse en cooperativas.

Cooperativas que generan ingresos y esperanza
Una de estas experiencias es la cooperativa avícola integrada por 20 personas, entre ellas Birhane, quien regresó a Etiopía sin recursos ni expectativas claras. A través del proyecto, el grupo recibió formación técnica, pollos, alimento y equipamiento. Hoy, la cooperativa no logra cubrir toda la demanda, sus precios son competitivos y grandes productores del país han mostrado interés en el modelo.
En paralelo, otro grupo de retornados puso en marcha una cooperativa lechera, liderada por Tahir, quien tras años de trabajo informal en Sudán hoy coordina la producción y capacitación de su equipo. Aunque enfrentan retos como el acceso a tierra y agua, el proyecto ya genera ingresos y atrae a nuevos miembros de la comunidad.
Reconstruir desde lo local
Estas cooperativas no solo crean empleo: reactivan economías locales, fortalecen los lazos comunitarios y ofrecen alternativas reales al éxodo. En Jimma, la recuperación no se mide por lo perdido, sino por lo que se está construyendo de manera colectiva, con trabajo, organización y arraigo local.